Temblor de rama que al dorado viento
del mediodía, opone la certeza
de su fruto. Divino movimiento
de algo que a ser inconmovible empieza.
Temblor de voz, capaz del firme acento. Temblor de la mirada, en su fijeza. Temblor del encarnado pensamiento. Temblor de mi desnuda fortaleza.
Aire de eternidad, aire divino. Como la enorme fe de mi destino, ciando tú pasas, se ilumina y crece.
Cómo te siento en mí, temblor de altura. Cómo tu claridad me transfigura y cómo tu presencia me enriquece.
de Los júbilos ilesos
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