II
Porque los días están llenos de ansiedad,
rencores, acontecimientos imprevistos;
porque recuerdo la guerra con sus héroes,
porque no he muerto por el pueblo
y leo su muerte diaria en los periódicos;
porque las madres, en la oscuridad,
oyen llorar el frío más pequeño;
porque han sucedido tantas cosas
en las que no he participado,
tantos sacrificios y glorias,
tantas muertes y resurrecciones,
tantas canciones verdaderamente hermosas
de jóvenes guerreros que jamás regresaron;
porque voy al cine y me emociono asombrosamente;
porque la puesta de sol, el año nuevo,
las cartas que recibimos con trineos y campanas,
las despedidas en las estaciones,
todos los desastres afectivos,
todas las lunas que no terminan de morir
me hieren un poco más,
me incomodan nerviosamente;
porque a veces me entrego a labores absurdas,
a mañanas perdidas a cambio de monedas,
y me siento humillado
como el hombre sin brazos que mira que lo miran;
porque me veo escribir haciendo largas pausas,
porque mi voz es como la lluvia,
que no sabe adonde cae ni quién la esperará;
porque hay tantos ruidos que casi no se oye
y la infancia ha escapado como el cervato herido;
porque vivo en la ciudad recordando los mares,
aquella alegría imperial de los árboles,
el campo nutricio y saludable;
porque soy tranquilo, lleno de sueño
y me gustaría trabajar en las fábricas;
porque amo las fuerzas de la tierra y el sexo;
porque flores oscuras y embriagadoras
rondan la noche y traen los deseos;
porque las hermosas y tranquilas flores
(las llevadoras de perdón, las obreras de vida)
tienden a mí sus brazos suplicantes.
Por todo eso y por más que no recuerdo
siento que soy poeta y sufro
en la canción que canto todavía
de poesía de pie
Otros poemas para disfrutar:
