Las letras colombianas se han caracterizado por un acusado humanismo y por el sentido clásico’del idioma. Esto, junto a la justa fama de ser realmente pródiga en poetas, ha hecho que se considere a este país como la Atenas de América del Sur. En nuestro siglo, los grupos poéticos se han sucedido con personalidad e impronta. Hacia 1935 surge el grupo de los piedracielistas (editores de unos cuadernos titulados Piedra y cielo), uno de cuyos miembros más destacados es Eduardo Carranza, y cuya nómina se completa con Jorge Rojas, Arturo Camacho Ramírez, Darío Samper, Tomás Vargas Osorio, Gerardo Valencia y Carlos Martín. La poesía de Carranza, según Pablo Ne-ruda, cristaliza las líneas geométricas de la tradición poética colombiana y “toca todas las hojas del monte Parnaso americano”. Poesía basada en el triángulo de lo humano, nacional e hispano. Cultiva las formas cultas y populares españolas con un lenguaje claro y transparente., Dámaso Alonso ha dicho: “Eduardo Carranza es un poeta hondo y concentrado (su poesía también tiende a !a brevedad, a comprimir, a ser posible, unidades de pensamiento poético en unidades de verso)”.
Nació Carranza en Apiay, de los Llanos de Colombia, en 1913. Ejerció como profesor de literatura en varios centros de su país. Ha dirigido diversas publicaciones literarias, pronunciando conferencias y divulgando los valores colombianos durante los años que, como consejero cultural de su embajada, permaneció en varios países.
Entre sus obras, Canciones para iniciar una fiesta. Seis elegías y un himno. Ella, los días y las nubes.
Azul de ti (sonetos sentimentales). Este era un rey…. Los días que ahora son sueños. Diciembre azul. El olvidado. La poesía del heroísmo y la esperanza. Los pasos cantados. Hablar soñando y otras aluciona-ciones. Epístola mortal… Ediciones de Cultura Hispánica, de Madrid, ha publicado en 1970 una antología (1935-1968) con el título Los pasos cantados.
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