Eres tan dulce, niña, como decir tu nombre con luceros. Me duele tu belleza blandamente como espina en el centro de mi pecho.
Mirarte es tan azul como este cielo y acariciarte es sólo comparable a besar en tus ojos la mañana. Eres tan dulce, niña, como decir tu nombre con recuerdos.
Escucharte es saber en un momento
el lenguaje inefable de los ángeles,
es comprender la música
que pronuncian las aves en el alba.
Eres tan dulce, niña,
como gozar el cielo en tu mirada.
Estar contigo es detener el tiempo.
Recordarte es hablar con el futuro.
Decir tu nombre bello
es regresar tu imagen a los lirios.
Y amarte, dulce niña,
es igual a tener dentro del pecho
en vez de corazón una verdad.
de Destino de la voz
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