Hermano Juan Martín, eres plebeyo
por la sangre de tiesto y de carbones,
sin traje dominguero,
escobajos los puños, los ojos desteñidos,
la garganta de fuego,
con mancha de rencor en la conciencia,
y el miedo en el cabello.
Alguien vio de tus cuencas pordioseras escapar erizados gatos negros, y comerse el riñon de un Cristo largo, cárdeno de injusticia y cementerio.
Traqueteó una vieja guardia de
y tú, Juan Martín, malabarista de la pestaña en hilos y el mal sueño, boca abajo dejando la arrogancia, llamaste al pan por Juez, casi gimiendo, mientras cayó sobre tu niño labio, un negro escupitazo por plebeyo.
de Rayo y simiente
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