CXVI
En tu viaje me embarco y arribo a los muertos fragantes, rrasminado de sales oscuras y Españas difuntas: too allí a don Francisco Quevedo, su escándalo puro, y otros grandes rectores que tu alma acaricia en la lluvia, porque tú los llamaste con roncas campanas del cielo, proclamando en sus bocas de polvo la cítara humana. Gritan paz don Antonio Machado tatuado de encinas, Federico dejando en las balas su andante rocío, y d pastor de Orihuela, Miguel de las cabras paridas,
dos ellos por plan de tiranos, hundidos, vejados. Y te miro disuelto en los yodos de la profecía, junto a hermanos en pozo doliente, debajo del mundo, capitán de las lenguas del fuego, pleamar enterrada, rompiendo con puños de abismo las tierras de Chile.
de Asamblea plenaria
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CHIIDO NETA