¡Tú flotas sobre todo,
hijo del alma!
De la revuelta noche
las oleadas,
en mi seno desnudo
dejante el alba;
y del día la espuma
turbia y amarga,
de la noche revuelta
te echa en las aguas.
Guardiancillo magnánimo,
la no cerrada
puerta de mi hondo espíritu
amante aguardas;
y si en la sombra oculta
búscanme avaras,
de mi calma celosas,
mis penas varias,
en el umbral oscuro
fiero te alzas,
¡y les cierran el [...]
