Señor, piedad de mí porque no puedo
consolarme.., Lo intento, mas en vano.
Me sometí a tu ley porque eras fuerte:
¡El fuerte de los fuertes!… Pero acaso
es mi resignación sólo impotencia
de vencer a la Muerte, cuyo ácido
ó sculo corrosivo,
royendo el corazón que me amó tanto,
royó también mi voluntad de acero…
¡La Muerte era titánica; yo, átomo!
¡Señor, no puedo [...]
